Por María D. Torres Sánchez - abogada indígena/ militante de TyLBV


Hoy se cumple otro 12 de octubre sin reparar el genocidio físico y cultural cometido hace más de 500 años por la corona española. Mientras tanto, el propio Ministerio de Relaciones Exteriores saluda la “Fiesta Nacional del Reino de España”, reafirmando su compromiso para fortalecer la histórica relación de amistad y cooperación, así como algunos ciudadanos que en Lima alzan la bandera del “Día de la Hispanidad”.

La libre determinación es el derecho que fue violado con la conquista y colonización. Este derecho es de los pueblos y no de los Estados, y es reconocido por la Carta de Naciones Unidas, siendo la Declaración de Naciones Unidas sobre derechos de pueblos indígenas la que se lo reconoce explícitamente a los pueblos indígenas:

 Artículo 3

 Los pueblos indígenas tienen derecho a la libre determinación. En virtud de   ese derecho determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural.

Artículo 4

Los pueblos indígenas, en ejercicio de su derecho a la libre determinación, tienen derecho a la autonomía o al autogobierno en las cuestiones relacionadas con sus asuntos internos y locales, así como a disponer de medios para financiar sus funciones autónomas.

La libre determinación de los pueblos no debe ser entendida ni equiparada a un intento de quebrar el territorio nacional y formar otro Estado. Una interpretación así está totalmente desfasada, no es lo que dice el derecho internacional ni son las aspiraciones de los pueblos en nuestro país. Sin embargo, seguimos escuchando congresistas y ciudadanos utilizando esto como una excusa para difundir miedo y seguir imponiendo una mirada de país que desconoce toda diversidad en la igualdad.

Reconocer nuestra diversidad cultural, como lo hace la actual Constitución, implica reconocer no solo lo individual, sino que hay un sujeto colectivo con derechos, pues así lo señalan los instrumentos internacionales ratificados por el Estado peruano. Desconocerlo es desconocer el Estado de Derecho, como lo pretenden hacer grupos racistas y fascistas el día de hoy.

Libre determinación no es otra cosa que respetar las prioridades de desarrollo económico, social y cultural de los pueblos y comunidades indígenas u originarias, y dejar de imponerles (con balas y perdigones) visiones de desarrollo del mundo occidental. Es dejar de decirles qué es lo mejor para ellos, como si no fueran capaces de determinarlo por sí mismos. En este Bicentenario, no se puede tolerar más prácticas heredadas de la época colonial, que miran y tratan a una cultura, a una persona o a un pueblo por debajo del otro, como si fuera inferior. Bien lo afirma la propia Declaración de Naciones Unidas antes mencionada:

(…) todas las doctrinas, políticas y prácticas basadas en la superioridad de determinados pueblos o individuos o que la propugnan aduciendo razones de origen nacional o diferencias raciales, religiosas, étnicas o culturales son racistas, científicamente falsas, jurídicamente inválidas, moralmente condenables y socialmente injustas, (Cuarto considerando)

Hoy, más que nunca, nos toca reivindicar nuestras identidades: sea indígena, afroperuana, tusan u otra. Debemos ser conscientes de por qué muchos ya no hablamos la lengua de nuestros abuelos y abuelas, por qué la razón sin espiritualidad es la que gobierna nuestro día a día, y apostar por una República del Buen Vivir.

Es ahora cuando más necesitamos una visión de país en el que todas las naciones y pueblos de la Amazonía, los Andes y la Costa sean respetados como iguales y con la misma libertad y legitimidad para determinar sus prioridades de desarrollo. Un Perú de todas las sangres no puede referirse solo al cruce biológico que llevamos dentro, pero a un Perú de todas las identidades, de todos los pueblos y de todas las naciones, sin discriminación alguna.

Por siglos, la forma de ser de los pueblos indígenas, su forma de entender el mundo y tratar al planeta garantizó la supervivencia de nuestra especie humana. Hoy, la cultura occidental antropocéntrica, que entiende al ser humano como el centro de todo, ha puesto en peligro nuestra propia existencia. Así que ese enfoque también merece ser cuestionado, y reemplazado por uno que apueste por el respeto de todos los seres, y que promueva un balance y equilibrio para la naturaleza. Esto no puede ser prioritario solo en la Amazonía, que si aún se mantiene viva es por la ciencia, espiritualidad y cuidado ancestral justamente de los pueblos indígenas. En el campo y la ciudad, las comunidades por el Buen Vivir tienen que abrazar este cambio de paradigma.

Hace 200 años, fallamos en revertir la injusticia cometida por los conquistadores españoles. Las Constituciones que hemos tenido en toda la historia republicana no son el resultado de un verdadero diálogo y pacto social con los pueblos indígenas y afroperuanos. Esta es una deuda histórica pendiente, y saldarla es responsabilidad de toda la ciudadanía y del Estado peruano. No más imposición de proyectos de “desarrollo” en territorios indígenas; no más racismo contra lo indígena, como si fuera inferior. Nada sin el consentimiento de los pueblos. ¡Asamblea Constituyente Plurinacional ahora! ¡Por una República del Buen Vivir!

Foto de portada: Foro Social Panamazónico